Ayer, cuando el escenario político tlaxcalteca se vestía de gala para recibir la visita de la titular del Poder Ejecutivo federal, Claudia Sheinbaum Pardo, uno de los grandes ausentes fue, curiosamente, el propio aspirante a la gubernatura por la dinastía Sánchez Anaya.
Este ni si quiera fue invitado al evento, que para muchos parecía ser la pasarela política del año, en donde Sheinbaum brindó su apoyo público a la actual gobernadora, Lorena Cuéllar Cisneros, y empeñó su palabra para continuar trabajando a favor de las familias tlaxcaltecas.
Sin embargo, y en un intento por hacer presencia, su esposa del edil, la diputada número 26 y presidenta de Morena, Marcela Castillo, se presentó al evento. Aunque, al parecer, no logró captar mucha atención de los presentes. Tal vez porque su presencia fue vista más como una «sombra» de la dinastía, que como una figura política con peso propio, dada su imposición en el cargo por las altas esferas del poder.
Mientras tanto, la aspiración de «El Junior» podría terminar yendo directo al drenaje, ya que, al parecer, el respaldo del gobierno federal no está en sus cartas. O peor aún, no lo invitaron al evento clave. Y, aunque su presencia en el escenario político estaba anunciada, parece que su ausencia habló más que mil palabras sobre su futuro político en Tlaxcala.
El mensaje fue claro y evidenció que el alcalde capitalino no tiene el visto bueno del gobierno federal para ser el candidato morenista a la gubernatura de Tlaxcala.