“Hoy mi abuelita se va a vivir a Estados Unidos con el amor de su vida que conoció hace más de 50 años. Como estoy muy feliz por ella les voy a contar la historia.
No sé qué fue lo que pasó con el papá de mi papá, porque nunca hablan de él y como el tema incomoda yo no pregunto, solo sé que al tipo le gustaba bastante el alcohol.
La cuestión es que, como era madre cabeza de familia, le tocó siempre guerr3arla y trabajar mucho para mantener a mi papá aquí en Bogotá.
Una noche, hace más de cincuenta años…
Mientras ella esperaba el bus, un hombre le habló: Se llamaba Alfonso, quien terminaría siendo el amor de su vida. Alfonso era fanático del billar e iba todas las noches a uno como cercano a donde mi abuela trabajaba, así que ya la había visto un par de veces en la parada.
Como en esos tiempos la única manera de conocer a alguien era hablándole, él se atrevió a hacerlo esa noche: le preguntó su nombre, le comentó con pena que ya la había visto un par de veces y la halagaba por su belleza. Ella, algo prevenida, le correspondía la conversación…
Desde ese día Alfonso la esperaba todas las noches en la parada, ya era como una cita que tenían todos los días para hablar y conocerse. No pasó mucho tiempo para que empezaran a salir, e incluso solo algunos meses para que se fueran a vivir juntos, estaban enamorados.
Vivieron juntos ella, él y mi papá (un niño todavía de cinco años) por dos años: iban a cine los domingos, a almorzar afuera, a pasear, todo parecía perfecto. Pero Alfonso tenía muchos hermanos y una madre sin trabajo, y en sus planes siempre había estado irse a Estados Unidos a conseguir dinero y así fue, así que terminaron su relación. Alfonso terminó en Estados Unidos de il3gal.
Muchos años después de llegar a Estados Unidos él hizo lo que muchas personas han hecho para conseguir la ciudadanía: Casarse con una ciudadana americana.
En su defensa, él dice que fue un acuerdo tácito entre ambos: ella lo hizo porque necesitaba compañía, y él porque necesitaba legalizar su situación en Estados Unidos. Nunca se quisieron, y por supuesto, durante ese tiempo aún se contactaba con mi abuela por cartas, teléfono o cuando el venía a Colombia.
Ella, por su parte, nunca tuvo otra relación en su vida, era como si con Alfonso se le hubiese ido la capacidad de amar a otro hombre.
En 2015 murió la esposa de Alfonso, y ese fue el pie para que pudieran reencontrarse y retomar lo que había empezado hace cincuenta años.
Comenzaron a salir nuevamente cada vez que él venía a Colombia, pero no decidían formalizar, tal vez por la pena, la vejez o por pensar que ya pa qué. Hasta que decidieron por fin casarse.
Creo que nunca vi tan feliz a mi abuela como ese día, ni tampoco a Alfonso, por fin podían consumar ese amor que se guardaron durante más de cincuenta años.
Desde ese día él ha vivido aquí en Bogotá con ella, pero siempre estuvo la promesa de ir a recuperar el tiempo perdido.
De mostrarle el metro de Nueva York, de pasear por las autopistas, de ir a Estados Unidos un tiempo y luego viajar por ese país, para luego ir a Europa. Parecía un sueño y hoy por fin mi abuela lo está cumpliendo, trabajó toda su vida y hoy sólo tiene que preocuparse por vivir.
No saben lo feliz que soy, no solo porque la primera vez que mi abuela sale del país es con el amor de su vida, sino porque ella se merece todo lo lindo. Desde la separación de mis padres ella fue quien me crio, e incluso, con todo el amor que le tengo a mis padres y que ellos me tienen, puedo decir que ella muchas veces hizo más que ellos para que yo fuese un quien soy ahorita. Soy tan feliz que de solo escribir esto se me salen lagrimitas.
Amo saber que ella pasará sus últimos años siendo feliz”.