Soberanía de utilería

 

 

Las asambleas que Morena organizó este fin de semana en todo el pais, no fueron ejercicios democráticos ni actos genuinos de defensa nacional. Fueron, sin rodeos, pantomimas políticas: montajes cuidadosamente escenificados con recursos públicos, tiempos oficiales y estructuras gubernamentales para promover aspiraciones personales bajo el gastado disfraz de la “soberanía”.

 

En nombre de esa palabra —tan manoseada como vaciada de contenido— se justifica todo. La historia reciente debería servir de advertencia. Regímenes que se dijeron defensores del pueblo, como Cuba, Venezuela, Siria, Irán terminaron convertidos en fuerzas de ocupación, usando la soberanía como escudo para saquear a su población y reprimir la disidencia.

 

En todos los casos, la soberanía fue un pretexto; el poder, el verdadero objetivo, como con Narco Morena, construyen maquinarias de control, reparten privilegios y extraen recursos mientras blindan su permanencia.

 

Ellos son la versión local de esa vieja historia.

Ahí está la insistencia obsesiva en la soberanía, la militarización de tareas civiles, la inclusión de las Fuerzas Armadas en negocios estratégicos y hasta las amenazas veladas de represión ya no son hipótesis: son realidades. Ahí está Segalmex, creada bajo el estandarte de la “soberanía alimentaria”, convertida en el mayor fraude documentado del sexenio. Ahí está Pemex, rescatado en nombre de la soberanía energética, hundido por el huachicol fiscal, la mala gestión y pérdidas multimillonarias.

 

Hoy Pemex no puede pagar a sus proveedores, pero sí puede, por decisión política, regalar petróleo a Cuba. De ese tamaño es la contradicción del discurso soberanista en el que se desangra al país mientras se financia propaganda ideológica en el extranjero. Eso no es soberanía; es simulación.

 

En todo el pais la farsa se volvió evidente. Es una burla que secretarios, legisladores, senadores y alcaldes, todos cobrando del erario, participen activamente en actos partidistas. Cuando el gobierno se mete de lleno a la grilla, la legalidad estorba. Para Morena, la ley electoral parece una sugerencia opcional.

 

La senadora Ana Lilia Rivera Rivera ya anunció que replicará estas asambleas en los 60 municipios. No hay que ser ingenuos: eso huele y apesta a actos anticipados de campaña. Medir fuerzas, placear nombres y mover estructuras desde el poder es exactamente lo que la ley prohíbe. Pero en Morena la necedad de imponer proyectos personales va por delante de cualquier norma.

 

Hablan de patria y de soberanía, pero no pueden garantizar seguridad en las calles ni recursos para los municipios. Si realmente quisieran defender a México, combatirían a la delincuencia, fortalecerían a los gobiernos locales y respetarían la ley. Pero prefieren el mitin, la consigna y la propaganda.

 

La soberanía de México se defiende con hechos, no con asambleas ni discursos huecos.