Tomás fue sentenciado a 43 años de prisión por homicidio, pero después de más de una década encarcelado injustamente, finalmente obtuvo la amnistía y salió del Penal de Santiaguito en Almoloya de Juárez.
Su caso evidenció graves irregularidades: no contó con traducción adecuada pese a ser indígena otomí, tuvo una defensa sin perspectiva intercultural y enfrentó condiciones de pobreza, rezago escolar y marginación que le impidieron comprender plenamente el proceso en su contra.
“Sentimos que la justicia por fin alcanzó a nuestros pueblos indígenas… que personas como nosotros puedan volver a estar con su gente”, expresó Carmen, su esposa, con la voz entrecortada tras conocer la resolución.
La Sala de Asuntos Indígenas determinó que cumplía con los requisitos legales para la amnistía, restituyendo así su libertad después de 12 años de una condena injusta.
Una historia que reabre el debate sobre el acceso a la justicia para comunidades indígenas en México.
