Tlaxcala harto del gobierno Lorenista y el defensor de los periodistas “agachón”

 

Lo de Nanacamilpa no fue un incidente aislado. Fue un aviso.

El Petardo / La Opinión de Adolfo Tenahua Ramos

Hay actos que, por sí mismos, retratan un gobierno entero. No necesitan interpretación, ni matices, ni defensa posible. Lo ocurrido en el Encuentro Tlaxcalteca en Nanacamilpa es uno de ellos: una escena cruda donde el poder dejó de simular control y exhibió, sin maquillaje, su desconexión con la realidad.

Lo que estaba diseñado como un evento institucional —ordenado, previsible, cómodo— terminó convertido en una expresión espontánea de hartazgo colectivo. No fue casualidad. Fue acumulación. Fue consecuencia.

Ahí estaban los productores agrícolas, no como invitados, sino como protagonistas incómodos. Las pancartas no eran ornamento: eran reclamo. El campo tlaxcalteca ya no aplaude, exige.

Y lo hizo de frente.

La escena de los tractores bloqueando accesos, con mensajes claros y sin ambigüedades —“Justicia y trato digno para los campesinos”— no es una postal de protesta cualquiera. Es un síntoma. Es el reflejo de un sector que se siente ignorado, desplazado y, peor aún, utilizado. Cuando el campo se organiza así, no está improvisando: está reaccionando a una cadena prolongada de incumplimientos.

En el centro de esa tormenta estuvo la desgastada gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros. Y su reacción dice tanto como la protesta misma.

El gesto adusto, la incomodidad evidente, la tensión en el rostro: todo apuntaba a una mandataria rebasada por una realidad que ya no controla. Pero lo verdaderamente revelador no fue la incomodidad, sino la decisión. En lugar de enfrentar, optó por evadir. En lugar de dialogar, eligió salir. Y hacerlo —según los testimonios— en ambulancia, no solo resulta insólito, sino políticamente devastador.

Porque en política, la forma es fondo.

Huir de un reclamo social no desactiva el problema; lo amplifica. Lo convierte en símbolo. Y en este caso, el símbolo es demoledor: un gobierno que, frente a la presión legítima, se repliega en lugar de responder.

El conflicto con el campo no es nuevo, pero sí parece haber llegado a un punto de quiebre. Subsidios prometidos que no llegan, fertilizantes insuficientes, apoyos diluidos en la burocracia… el discurso oficial ya no alcanza para contener la inconformidad. Y cuando la narrativa se rompe, lo único que queda es la realidad en bruto.

Lo de Nanacamilpa no fue un incidente aislado. Fue un aviso.

Un aviso de que el vínculo entre el gobierno estatal y los tlaxcaltecas está fracturado. Un aviso de que la paciencia social tiene límites. Y, sobre todo, un aviso de que el liderazgo no se presume en eventos protocolarios, sino que se prueba en momentos de crisis.

Ahí, precisamente ahí, es donde hoy el gobierno de Tlaxcala parece haber fallado

 

-El defensor de los periodistas hace todo, menos lo que le prometió a la UPET:

Y pa cuando el pronunciamiento:

La Unión de Periodistas del Estado de Tlaxcala (UPET) ha sido objeto de burlas y falta de respeto así como víctima de prácticas de censura, discriminación y control hacia reporteros, -son tratados como empleados- mientras su presidente, Martín Rodríguez Hernández, no solo ha guardado silencio, sino que —acusan integrantes del gremio— los ha dejado en total indefensión convirtiéndose en el títere del Gobierno del Estado.

Testimonios recabados entre periodistas de distintos medios coinciden en que últimamente hay restricciones en conferencias de prensa particularmente en los Diálogos Circulares, encuentro al que convoca la Coordinación de Comunicación del gobierno estatal, ahí hay limitaciones para cuestionar y señalamientos directos a contenidos informativos.

Ha sido Antonio Martínez Velázquez, titular de la Coordinación de Comunicación a quien señalan de intervenir en la dinámica de participación y de coartar la libertad de expresión con un lenguaje ofensivo excluyente y falto de respeto hacia los periodistas que se dan cita en ese encuentro.

Sin embargo, lo que más ha generado inconformidad no es solo la conducta denunciada desde el ámbito oficial, sino la ausencia total de respuesta por parte de la dirigencia de la UPET. Rodríguez Hernández no ha confrontado al coordinador de comunicación, no ha exigido explicaciones públicas y tampoco ha fijado una postura clara frente a los hechos, lo que ha sido interpretado como una omisión grave en su responsabilidad de defender al gremio.

El episodio más reciente ocurrió en “diálogos circulares”, donde una reportera fue impedida por el vocero estatal de realizar una segunda pregunta argumentando que su tiempo para formular preguntas había pasado. Lejos de ser un hecho aislado, periodistas aseguran que se trata de una práctica recurrente que limita el ejercicio informativo. A pesar de ello, no hubo pronunciamiento, respaldo ni acompañamiento institucional.

En contraste, la agenda pública del dirigente ha sido objeto de críticas. El pasado fin de semana Rodríguez encabezó una exposición en el Museo Taurino de Huamantla dedicada a ex presidentes de la UPET y a la historia de las corridas de la prensa, evento que fue calificado por varios comunicadores como una simple pasarela sin impacto en la defensa del gremio. Para muchos, este tipo de actividades reflejan una desconexión total con la realidad que enfrentan los periodistas.

“Parece más ocupado en sus actividades personales y profesionales que en representar dignamente a quienes confiaron en él”, señalan voces al interior del gremio, que cuestionan la falta de liderazgo en un momento crítico.

La ausencia de posicionamientos, la exigencia para respetar el trabajo de los comunicadores en Tlaxcala ante los señalamientos y el silencio frente a posibles actos de censura ha sido interpretada como que la UPET no está cumpliendo su función.

Hoy, con reporteros denunciando presiones y una dirigencia que no responde, la organización enfrenta una de sus mayores crisis de credibilidad.

No solo se trata de hablar, sino de defender y de hacer que se respete el libre ejercicio periodístico lo más indignante es que en días anteriores Martín Rodríguez exigió que existan espacios públicos para la libertad de expresión pero en los hechos su silencio ha sido interpretado como una falta de respeto hacia los compañeros del gremio al tiempo de que se muestra servicial ante el gobierno del estado.

Queda claro que el vocero y chalán de Lorena Cuéllar trata a los comunicadores como sus empleados, quiere que escriban lo que les dicta y ofrece cursos baratos para hacer notas a modo.

¿Y el presidente de la UPET?, anda ausente, el que está al frente dijo en campaña que todo sería diferente y que no haría lo mismo que los demás, eso es real, los demás por lo menos enviaban pronunciamientos … y el actual, pues hay va …..