OFS exhibe a Mauricio Pozos por desviar recursos en obras fantasma en Amaxac

 

El AMLO Tlaxcalteca demostró que su fuerte es la opacidad y la posible malversación de recursos públicos.

 

El alcalde de Amaxac de Guerrero, Mauricio Pozos Castañón conocido como el Borrachito Tlaxcalteca, enfrenta serios señalamientos luego de que el Órgano de Fiscalización Superior (OFS) detectara un probable daño patrimonial cercano al millón de pesos en la revisión de su cuenta pública 2025.

De acuerdo con los hallazgos, lejos de una administración eficiente, el gobierno municipal presenta un patrón de irregularidades que evidencian desorden financiero y posibles actos de negligencia en el uso de recursos públicos. Tan solo en el periodo del 31 de agosto al 31 de diciembre, se identificó un probable daño patrimonial por 722 mil 495.67 pesos.

Entre las anomalías más graves destacan pagos por 130 mil 500 pesos por bienes o servicios sin evidencia de su recepción o aplicación, lo que apunta a erogaciones sin sustento. A esto se suman 544 mil 775.22 pesos en gastos improcedentes, reflejando decisiones financieras cuestionables y sin justificación clara.

Pero el golpe más contundente recae en la obra pública: el OFS detectó volúmenes de obra pagados y no ejecutados por 12 mil 082 pesos, además de conceptos de obra también pagados sin realizarse por 29 mil 188 pesos, evidenciando un manejo opaco en proyectos que, en teoría, debían beneficiar a la población.

Estas cifras no son menores. Revelan una administración que, en lugar de priorizar resultados, parece enfocada en el dispendio y la simulación sobre todo en la promoción de su imagen y de los diferentes viajes que ha protagonizado en otras partes del país que poco o nada aportan al desarrollo del municipio.

La contradicción es evidente: por un lado, un gobierno que presume trabajo y presencia; por el otro, un cúmulo de observaciones oficiales que exhiben fallas graves en la rendición de cuentas.

Hoy, la administración de Mauricio Pozos no solo enfrenta números rojos, sino también una creciente presión pública para explicar en qué se han gastado los recursos de los ciudadanos. Porque más allá de discursos y apariciones, lo que queda claro es que las cuentas no cuadran y el dinero, simplemente, no aparece.