El crimen organizado ya echó raíces y Lorena Cuéllar le quiere vender “espejitos” a los tlaxcaltecas.
El Petardo / La Opinión de Adolfo Tenahua Ramos
En el discurso oficial, Lorena Cuéllar Cisneros insiste en repetir que Tlaxcala es uno de los estados más seguros del país. Lo dice con la seguridad de quien cree que la narrativa sustituye a la realidad. Pero afuera, en las calles, los números y los hechos cuentan otra historia: una mucho más oscura, incómoda y peligrosa.
Porque mientras el gobierno vende tranquilidad, la violencia avanza.
Y es que de acuerdo con la Plataforma de Incidencia Delictiva del Observatorio Nacional Ciudadano, de septiembre de 2021 a diciembre de 2025, el registro es contundente: 549 homicidios dolosos y 182 mil 597 vehículos robados. No son cifras menores, no son incidentes aislados, no son percepciones exageradas. Son datos que exhiben un deterioro sostenido de la seguridad en un estado que, hasta hace pocos años, presumía lo contrario.
La llamada “Nueva Historia” terminó siendo una crónica repetida de negación.
Hoy Tlaxcala enfrenta un fenómeno que el gobierno lorenista se niega a nombrar: la disputa territorial entre grupos criminales. Los cuerpos embolsados, los encobijados, los mensajes abandonados junto a cadáveres, no son hechos fortuitos. Son señales claras de que el crimen organizado ya echó raíces y está peleando la plaza, diversificando delitos: robo de autos, narcomenudeo, asaltos y homicidios.
Negarlo no lo desaparece. Lo agrava.
El problema de fondo no es solo la inseguridad, sino la desconexión del gobierno con la realidad. Mientras la ciudadanía percibe miedo, desconfianza y abandono, desde Palacio se insiste en un discurso triunfalista que ya nadie compra. La brecha entre lo que se dice y lo que se vive se ha vuelto insostenible.
Tlaxcala ya no es el estado que era. Y lo más preocupante es que no hay señales de corrección.
A poco más de un año de que concluya el sexenio en agosto de 2027, el balance es desalentador. Un gobierno que prometió transformar la historia está dejando una entidad más vulnerable, con instituciones rebasadas y una estrategia de seguridad inexistente o, peor aún, simulada.
La gobernadora no solo enfrenta un problema de resultados, sino de credibilidad.
Porque cuando la realidad contradice sistemáticamente al discurso, lo que se pierde no es solo la confianza: es la gobernabilidad.
Hoy los tlaxcaltecas ya no creen. Y ese es, quizás, el síntoma más grave de todos.
La “nueva historia” que prometieron escribir terminó convertida en una crónica de deterioro. Y si no hay un golpe de timón inmediato —que hasta ahora no se ve por ningún lado— lo que viene no será una crisis pasajera, sino un colapso progresivo.
Tlaxcala no solo dejó de ser seguro.
Lo más alarmante es que el gobierno parece no haberse dado cuenta.
Una gobernadora abandonada y despreciada por su equipo:
La mandataria que prometió trabajo en equipo y resultados palpables hoy luce sola y sin rumbo, su semblante refleja hartazgo y desesperación, Tlaxcala se cae a pedazos y ya no hay nada que hacer.
Desde la comodidad de su oficina su ahijado, el secretario de gobierno y también deudor alimentario, Luis Antonio Ramírez Hernández, disfruta de las mieles del poder, no le importa lo que sucede en Tlaxcala, no opera, no camina en los municipios, ni tiene el pulso de todo el hartazgo y miedo que aqueja a las autoridades municipales y los ciudadanos que cada día salen con el miedo de que alguien atente contra su integridad física y los despojen del patrimonio que han logrado a lo largo de sus vidas.
Es un secretario de gobierno que vino a Tlaxcala con el signo de pesos en las manos, no le importa lo que pase, su objetivo es hacer negocios que dejen jugosas ganancias, refleja una postura de valemadrismo, aunque su madrina esté desesperada porque Tlaxcala está en crisis.
Por otro lado, el Secretario de Seguridad Ciudadana (SCC) Alberto Perea Marrufo se le ve ausente en el territorio tlaxcalteca, prometió operativos, retenes y acciones para combatir el crimen, pero se placea desde su oficina haciendo llamadas y presumiendo resultados que nada mas le cree el aplaudidor y coordinador de comunicación de Ejecutivo, Antonio Martínez Velázquez.
Una farsa el combate a la delincuencia, el gobierno de Lorena está podrido y nadie hace nada, lo único que está claro es que el titular de la SEGOB no moverá un dedo, no se ensuciará los zapatos ni tampoco se va a requemar con el sol, aunque gran parte de este fracaso recaiga sobre él.
Ahora lo más importante es el proyecto que se cocina en Atlangatepec para coronar al apestoso Rey de la Basura Tlaxcalteca y que es originario de Morelos.
