Una administración estatal que prometió mucho, pero terminó en un vil fracaso.
La caída política de la gobernadora de Tlaxcala, Lorena Cuéllar Cisneros, ya no admite matices: pasó de presumir un triunfo histórico en las urnas a convertirse en una de las mandatarias peor evaluadas del país, con un nivel de desaprobación que refleja el desencanto social frente a su gestión.
De acuerdo con el Ranking de Gobernadores de CRIPESO de marzo de 2026, Cuéllar registra apenas 35.63% de aprobación, ubicándose en el lugar 31 a nivel nacional. El dato es demoledor por sí mismo, pero aún más grave al considerar que encabeza el último sitio entre las mujeres gobernadoras.
El contraste es brutal. Al inicio de su administración, la mandataria no dudó en presumir haber sido la más votada en la historia política de Tlaxcala, un capital político que hoy parece completamente dilapidado. Lo que en su momento fue presentado como un mandato sólido y legítimo, hoy se traduce en una profunda decepción ciudadana.
Lejos de consolidar ese respaldo, la gestión de Lorena Cuéllar Cisneros se ha visto marcada por resultados cuestionables y una creciente percepción de inseguridad. La promesa de estabilidad y bienestar se ha ido desdibujando frente a una realidad donde los problemas persisten y, en algunos casos, se agravan.
El aumento en la percepción de inseguridad es uno de los factores que más ha golpeado la confianza ciudadana. Mientras el gobierno insiste en proyectar control, los hechos y la opinión pública reflejan un escenario distinto, donde la incertidumbre gana terreno.
El desplome en su aprobación no es producto de una coyuntura aislada, sino de una acumulación de errores, omisiones y una falta de resultados tangibles. La narrativa oficial, lejos de revertir la tendencia, ha sido incapaz de contener el desgaste.
A ello se suma una creciente crítica hacia el estilo de gobierno: distante, poco autocrítico y desconectado de las preocupaciones reales de la población. La expectativa de un cambio profundo, que acompañó su llegada al poder, hoy se percibe como una promesa incumplida.
La transformación política que prometía marcar un antes y un después en Tlaxcala parece haber quedado en el discurso. En los hechos, el balance para amplios sectores es negativo, y el respaldo ciudadano se diluye con rapidez.
Hoy, la historia política de Tlaxcala registra un giro drástico: quien llegó con el mayor respaldo electoral, enfrenta ahora uno de los niveles más bajos de aprobación. Para muchos, la confianza que se le otorgó en las urnas no fue correspondida.
Y en medio de ese desencanto, el nombre de Lorena Cuéllar Cisneros comienza a quedar asociado no con el triunfo histórico que presumía, sino con una gestión que terminó por convertirse en sinónimo de fracaso político.
