Culpar a Puebla por todo lo malo que pasa en Tlaxcala es una payasada

 

El gobierno lorenista está podrido y el rechazo de la gente ya se percibe, la muestra se estampó en Nanacamilpa.

 

El Petardo / La Opinión de Adolfo Tenahua Ramos

 

No admitir la realidad y evadir las estadísticas de la incidencia delictiva es una “payasada” por parte de las autoridades del Gobierno del Estado que encabeza la priista Lorena Cuéllar Cisneros, porque para encontrar soluciones hay que asumir que en Tlaxcala ya echaron raíces los delincuentes y terminar con ellos será imposible.

 

El nefasto trabajo que ha realizado el gabinete de seguridad del Ejecutivo, incluyendo al improvisado secretario de Gobierno, Luis Antonio Ramírez Hernández, y al titular de la SSC, Alberto Perea Marrufo, ha orillado a los de la 4T a contar una historia de ladrones contra policías en donde los malos son los que gobiernan Alejandro Armenta Mier.

 

Habría que preguntarle a las autoridades poblanas si coinciden con lo que comunica el intolerante vocero Antonio Martínez Velázquez, quien se ha dedicado a buscar culpables y a defender a su “jefa”, porque para ellos en la entidad tlaxcalteca “no pasa nada”.

 

Llama la atención la reciente declaración que hizo el comunicador en los “diálogos cirqueros”: “De cada diez crímenes relacionados con homicidios que ocurren en la zona limítrofe, seis o siete provienen de Puebla”.

 

Las ocurrencias del Ejecutivo no son nada en comparación con lo que se refleja en la Plataforma de Incidencia Delictiva del Observatorio Nacional Ciudadano: de septiembre de 2021 a diciembre de 2025 se han perpetrado en Tlaxcala 549 homicidios dolosos. No son cifras menores, no son incidentes aislados, no son percepciones exageradas. Son datos que exhiben un deterioro sostenido de la seguridad en un estado que, hasta hace pocos años, presumía una luna de miel.

 

Lo que debe entender el gabinete legal de la mandataria estatal es que ya la abandonaron. La gran mayoría de los que se decían de la Cuarta Transformación se subieron a su tabique para darse vida de millonarios, mientras a su “jefa” la han desgastado los escándalos y los criminales que día con día ganan territorio y aparentan más poder que los propios del Palacio de Gobierno.

 

La priista Lorena Cuéllar está completamente sola. Los que se decían fieles al proyecto empezaron a brincar de la ratonera en busca de otro hueso, porque la Nueva Historia llegó a su fin.

 

La soberbia monumental de la seudomorenista le ha nublado la visión y solo admite asesoría de personajes grises y opacos que, lejos de ayudarla, la están sepultando. Ese es el caso del vocero que todas las mañanas sale ante los medios a echarle una palada de tierra; con esos amigos no se requieren enemigos.

 

Solo hay que ver la cara demacrada de la titular del Ejecutivo, refleja que los problemas y el estrés la han consumido. Poco a poco se han ido alejando los personajes políticos que andaban de lambiscones, besando la tierra y echando porras para enaltecerla, como es el caso del exdiputado suplente Steve del Razo Montiel, que en algún momento fue captado con su megáfono gritando “no estás sola, no estás solo”, pero ya la dejaron abandonada y ahora están formados con aspiraciones o esperando a ver quién será el bueno o la buena para 2027.

 

No cabe duda de que Cuéllar Cisneros llegó como una mandataria de unicel, improvisada, y que está desesperada para que su ridículo discurso de paz y amor se lo crea el pueblo. Ya se ve apocada por la corrupción y los negocios que se maniobran desde el gobierno con tintes de transas y voracidad.

 

Pese al barco color marrón que se hunde, hay un secretario de Gobierno —deudor alimentario de origen morelense— que no se ensucia los zapatos: se la pasa en su oficina tomándose fotos y echando café, mientras Cuéllar recibe los zapes y las mentadas de un pueblo que ya está harto de este apestoso proyecto de la Nueva Historia.

 

No se diga nada del mentado secretario de Seguridad Ciudadana, Alberto Perea Marrufo, que se resguarda en su ratonera y cuando está frente a las cámaras presume acciones y logros que nadie percibe.

 

Sin embargo, al verse rebasado por su estupidez, la delincuencia organizada, los asesinatos, el robo de autos y los asaltos, el propio secretario sale a justificar sus acciones y su ineptitud; luego entonces culpa a los tlaxcaltecas y refiere que no es su problema que los ciudadanos no perciban su trabajo.

 

El gobierno de Lorena está podrido. Los pocos aliados que le quedan se irán poco a poco en busca de una nueva madriguera con el signo de pesos pintado en la entrada, mientras que los más perjudicados siempre serán los ciudadanos por tener autoridades incompetentes y desleales al pueblo que les dio la confianza.