Redes sociales no tardaron en explotar, calificando la escena como un abuso descarado hacia el trabajador, quien seguramente fue obligado a cumplir con el capricho del alcalde.
El presidente municipal de Apizaco, Javier Rivera Bonilla, nos deja una pésima experiencia que solo él podría protagonizar. En lo que algunos han calificado como una de las escenas más denigrantes que ha dado este municipio, el alcalde decidió que, bajo ningún concepto, los pocos rayos de sol que se veían durante la puesta en marcha de la colecta de la Cruz Roja iban a tocar su impoluto rostro.
Y es que obligó a un pobre trabajador del ayuntamiento a cubrirlo con una sombrilla para evitar que el sol, en su mínima intensidad, lo «requemara».
El momento alcanzó tal nivel de surrealismo que un grito se escuchó entre la multitud: “¡Tápenlo, no se vaya a requemar!”, como si estuviéramos en un mercado medieval y no en una actividad comunitaria. Sin duda, la escena fue de lo más «clásico», digna de una comedia de mal gusto, donde el único objetivo parece ser alimentar el ego de quien se siente como el emperador de Apizaco.
Lo peor de todo es que, mientras este comportamiento servil se llevaba a cabo para complacer al alcalde, otros presentes, como el delegado de la Cruz Roja en Tlaxcala, Miguel García Méndez Salazar, y hasta una mujer que se tomó el tiempo para hablar en la ceremonia, no recibieron tal “atención especial”.
Ninguno de ellos fue cubierto con la sombrilla para protegerse del sol. ¿Será que las únicas personas que valen la pena ser resguardadas son aquellas que se sientan en una silla más alta, como el presidente municipal?
Redes sociales no tardaron en explotar, calificando la escena como un abuso descarado hacia el trabajador, quien seguramente fue obligado a cumplir con el capricho del alcalde. Por supuesto, esta no es la primera vez que se cuestiona la capacidad del presidente para brindar soluciones efectivas en temas cruciales como la seguridad en Apizaco, pero parece que, mientras tanto, las sombrillas y el protagonismo son lo más importante para él.
En resumen, Javier Rivera Bonilla sigue demostrando que, en su pequeño mundo, no hay nada más importante que su imagen y, por supuesto, su «bienestar personal». Ojalá que la próxima vez, mientras se tome un respiro bajo la sombrilla de su propio ego, también se acuerde de la seguridad y bienestar de todos los apizaquenses, que bien lo necesitan.