La ex priista entregó la cabeza de los diputados y está dispuesta a que se les recorte el presupuesto.
La gobernadora de Tlaxcala, Lorena Cuéllar Cisneros, volvió a demostrar que su prioridad política no está en defender los intereses de los tlaxcaltecas, sino en alinearse sin reservas a las decisiones del poder federal, al sumarse al pronunciamiento de respaldo al llamado “Plan B” impulsado por la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo.
Lejos de representar una postura autónoma o de análisis crítico, la mandataria estatal optó por plegarse completamente a la narrativa presidencial, en un acto que para muchos sectores políticos refleja una actitud de sumisión frente al poder central.
El respaldo de Cuéllar Cisneros no solo se limitó a un pronunciamiento político; también evidenció que la gobernadora está dispuesta a poner a disposición del proyecto presidencial a todo su aparato político, incluidos los diputados afines a su grupo, quienes terminan siguiendo la línea marcada desde el centro del país.
Así, mientras el discurso oficial habla de “fortalecer la democracia”, en los hechos lo que se observa es a una gobernadora que se arrodilla políticamente ante la presidenta y que no duda en sacrificar la autonomía política del estado con tal de mantenerse dentro del círculo de aprobación del poder federal.
Esta postura confirma lo que desde hace tiempo se comenta en los pasillos políticos: que en Tlaxcala las decisiones importantes no se toman pensando en el estado, sino en agradar a la cúpula nacional del movimiento.
Estos hechos demuestran una gobernadora más preocupada por demostrar lealtad política que por ejercer liderazgo propio, incluso si eso significa entregar el margen de decisión del estado y colocar a sus propios diputados como simples piezas de obediencia dentro de un tablero que se mueve desde Palacio Nacional.
