El ridículo político pretende en el 2027 levantar la mano para postularse como diputado local.
El desvalijamiento de un vehículo en la Unidad Habitacional Petroquímica no solo evidenció un nuevo hecho delictivo, sino que confirmó un patrón que vecinos llevan tiempo denunciando: en Apetatitlán, la delincuencia opera con ventaja ante la falta de vigilancia y una estrategia de seguridad prácticamente inexistente por parte del gobierno municipal encabezado por Azain Ávalos Farfán.
De acuerdo con testimonios recabados en la zona, el robo no fue un acto inmediato. Los responsables desmantelaron el vehículo pieza por pieza, llevándose llantas, calaveras y accesorios sin ser interrumpidos, lo que apunta a un margen de operación amplio y sin presión policial. Este tipo de hechos, aseguran los habitantes, ya no sorprende: se ha vuelto recurrente, especialmente durante la madrugada, cuando las calles quedan sin patrullajes visibles.
Una revisión de denuncias ciudadanas y reportes en redes sociales muestra coincidencias en colonias y unidades habitacionales con escasa o nula presencia policial, tiempos de respuesta tardíos y ausencia de operativos preventivos.
Los robos de autopartes han crecido sin que exista un plan concreto para contenerlos.
Padres de familia y vecinos advierten que no se trata solo de pérdidas materiales, sino de un entorno inseguro que afecta directamente a menores y familias. La escena —un vehículo desmantelado a unos metros de un espacio educativo— refleja, para muchos, el nivel de permisividad con el que actúan los delincuentes.
Habitantes consultados coinciden en que la problemática ha escalado ante la falta de acciones contundentes. Señalaron que los criminales ya identifican zonas donde pueden operar sin riesgo, aprovechando la ausencia de rondines y la débil presencia institucional. Incluso, algunos aseguran que los reportes al número de emergencias no siempre derivan en atención inmediata.
Mientras tanto, la administración municipal no ha presentado resultados claros ni estrategias visibles que reviertan esta tendencia. La percepción de inseguridad se ha consolidado y, en los hechos, los ciudadanos enfrentan un escenario donde proteger su patrimonio depende más de la prevención individual que de la actuación de la autoridad.
El caso documentado en video no es solo evidencia de un robo más, sino un indicio de un problema estructural que, lejos de atenderse, parece profundizarse. En Apetatitlán, la delincuencia no solo crece: se organiza, se repite y se normaliza ante un gobierno que, a decir de los propios habitantes, ha quedado rebasado.
