Puertas cerradas, trámites detenidos y una justicia que simplemente no responde demostrando así a unos magistrados huevones, mantenidos y que cobran pero sin dar resultados en los expedientes acumulados que tienen.
En el Poder Judicial de Tlaxcala la justicia parece haberse convertido en rehén de la comodidad institucional. Mientras miles de expedientes se acumulan y las quejas por mala atención van en aumento, magistrados y jueces decidieron, sin mayor explicación ni sensibilidad, ampliar sus días de descanso y suspender labores desde este miércoles, dejando en el abandono a litigantes y ciudadanos.
La decisión no solo exhibe desorganización, sino un profundo desprecio por quienes dependen del sistema judicial. Tradicionalmente, la suspensión se limitaba a jueves y viernes santo; sin embargo, este año optaron por adelantarse un día más, paralizando juzgados y áreas administrativas sin previo aviso efectivo a la comunidad jurídica.
Pero este año, decenas de abogados y usuarios llegaron a los juzgados sin saber que los plazos y términos ya estaban suspendidos. La escena fue la de siempre: puertas cerradas, trámites detenidos y una justicia que simplemente no responde demostrando así a unos magistrados huevones, mantenidos y que cobran pero sin dar resultados en los expedientes acumulados que tienen.
Atrás quedaron los discursos de que el Poder Judicial estaría trabajando a favor de los ciudadanos, con compromiso y ética, los hechos demuestran que importa más los días de asueto que la responsabilidad jurista.
La activista y abogada Jeny Charrez Carlos denunció públicamente que tuvo que apresurar diligencias ante el aviso de último momento, confirmando lo que muchos señalan: la falta de planeación y el desinterés de las autoridades judiciales por garantizar un servicio eficiente.
Para muchos litigantes, esto no es solo ineficiencia, sino una muestra clara de un sistema cómodo, improductivo y ajeno a la urgencia de quienes buscan justicia.
“El rezago es enorme, pero ellos actúan como si no pasara nada”, reclaman abogados, quienes consideran que el Poder Judicial opera bajo una lógica de privilegio, donde los tiempos de la ciudadanía no importan.
La falta de comunicación, la acumulación de expedientes y la creciente ola de quejas reflejan un sistema que no solo está rebasado, sino también mal administrado. Y en el centro de esta crisis, los magistrados aparecen no como solución, sino como parte del problema.
