Cuéllar pone de rodillas a su vocero y le condiciona sus declaraciones; cada que abre la boca causa problemas
Todas estas patéticas características obedecen a que la gobernadora Lorena Cuellar le habría puesto un alto a sus alocadas y torpes declaraciones que todos los días brinda desde el podio de comunicación.
Algo cambió en la comunicación del gobierno de Tlaxcala. Antonio Martínez Velázquez, vocero del gobierno estatal, pasó de tener una participación mucho más activa frente a los medios a mantener intervenciones cada vez más breves y limitarse, en buena medida, a conducir los encuentros con la prensa.
Después de su regreso a las actividades públicas tras una ausencia por contraer presunto Covid, y de cuya enfermedad se repuso de manera espontánea y que lo obligó a no utilizar cubre bocas, su presencia en los llamados Diálogos Circulares se ha caracterizado por intervenciones más cortas y una menor participación en los intercambios con los reporteros.
También sus tradicionales mañaneras han reducido su duración y contenido. El funcionario aparece principalmente para presentar, dar la palabra y cerrar los encuentros, mientras que anteriormente tenía una participación más amplia en la conversación con los medios.
Otro cambio evidente es el tono. Quedaron atrás las bromas, los comentarios espontáneos y la interacción relajada que Martínez Velázquez acostumbraba tener con algunos representantes de los medios de comunicación. Ahora su participación se percibe mucho más contenida y estrictamente institucional.
Incluso cuando se abordan asuntos polémicos o cuestionamientos sobre temas delicados de la administración estatal, el vocero suele mantener una postura reservada y evita extenderse más allá de la información que corresponde presentar.
Martínez Velázquez tampoco ha ofrecido públicamente mayores detalles sobre los motivos de su reciente ausencia, por lo que cualquier versión relacionada con su estado de salud o con supuestas instrucciones para modificar su comportamiento frente a la prensa permanece sin confirmación oficial.
Lo que sí puede observarse en sus apariciones públicas es una transformación en el estilo: menos palabras, menos interacción y prácticamente ningún espacio para la improvisación.
El vocero que anteriormente ocupaba buena parte del intercambio con los periodistas ahora parece concentrarse en cumplir una función mucho más específica: presentar funcionarios, anunciar temas y conducir las conferencias.
La sonrisa y el tono desenfadado que acompañaban algunas de sus intervenciones también han desaparecido de sus apariciones recientes. Ya no critica, ya no se burla de los medios, ya no se empeña en tener la verdad absoluta, eso sí conserva su estilo soberbio, apático, de juzgador y de pésima educación que no recibió en casa, al tratar con desprecio e indiferencia tanto a los medios como a su propio personal que a diario tiene que lidiar con su egocentrismo al sentirse superior pero no por el hecho de ser Coordinador de Comunicación, sino porque desde casa le enseñaron a no codearse con gente que no es de su círculo social.
Todas estas patéticas características obedecen a que la gobernadora Lorena Cuellar le habría puesto un alto a sus alocadas y torpes declaraciones que todos los días brinda desde el podio de comunicación, pero la gota que derramó el vaso fue su reprobable declaración al aceptar que en Casa de Gobierno se estarían realizando actividades de mapachería a favor del alcalde con licencia Alfonso Sánchez García y que posteriormente el Secretario de Gobierno Luis Antonio Ramírez salió a arreglar las cosas y desmentirlo.