Tlaxcala con hambre: pero Cuéllar paga Sabritas, helados y hasta camarones para normalistas
El gobierno lorenista está mas ocupado en atender los antojos y caprichos de las normalista que en coadyuvar a su preparación profesional.
Una larga lista de comida chatarra y hasta productos del mar fueron adquiridos con dinero público para la Normal Rural “Benito Juárez” de Panotla durante la administración de Lorena Cuéllar Cisneros.
Los documentos publicados por Faro Tlaxcala
muestran que el gasto no se ha limitado a la alimentación cotidiana de las estudiantes. En febrero de 2026, por ejemplo, la USET desembolsó 64 mil 807.56 pesos para productos destinados a un festejo en la institución.
La factura incluyó 208 bolsas de Sabritas, 208 Mordiskos, 208 Coca-Colas, 208 jugos Boing y 208 rebanadas de chocoflan, además de otros productos.
Y en años anteriores la lista fue todavía más amplia: aparecen 250 paletas Magnum, 250 Gansitos, 250 yogures Oikos, 250 cajas de Nesquik, 250 Pringles y 60 kilos de fresas. En otro pedido se adquirieron 60 kilos de camarón, 30 de pescado y 30 de pulpo, dentro de una compra por más de 78 mil pesos.
Pero para 2023 La USET pagó 925 mil 211.85 pesos por alimentos que supuestamente serían destinados a seis Centros de Atención Infantil. Tras revisar la documentación, el Órgano de Fiscalización Superior determinó ese monto como gasto improcedente, al encontrar productos que no correspondían a los menús autorizados para los menores.
Así, mientras la administración de Lorena Cuéllar presume el uso de recursos públicos para atender necesidades educativas, los documentos dejan ver otro rostro del gasto, dinero estatal utilizado durante su gobierno para compras que incluyen desde botanas y refrescos hasta mariscos y productos para celebraciones.
Y aunque los registros permiten conocer una parte de estas erogaciones, todavía no existe una cifra pública que permita saber cuánto se ha gastado en total durante la actual administración para atender este tipo de compras en la Normal de Panotla.
Además, que el gasto hecho obedece a la adquisición de comida chatarra que bien puede emplearse en las exigencias de infraestructura educativa para mejorar su labor y aprovechamiento académico.