Muchos perfiles empiezan a moverse, pero solo uno llegará a la silla de palacio de gobierno.
El Petardo / La Opinión de Adolfo Tenahua Ramos
A poco más de un año de que arranque de lleno la carrera por la gubernatura rumbo a 2027, distintos perfiles comienzan a posicionarse en el escenario político estatal. Entre trayectorias consolidadas, liderazgos emergentes y figuras polémicas, el tablero se va configurando con claros contrastes.
Uno de los nombres que suena con fuerza al interior de Morena es el del alcalde capitalino, Alfonso Sánchez García, quien ha apostado por una narrativa de estabilidad y continuidad administrativa. Su principal fortaleza radica en la cercanía con estructuras locales y su experiencia en la gestión pública; sin embargo, sus críticos señalan que su proyección aún es limitada fuera de la capital y que algunas decisiones de obra pública han sido cuestionadas.
En el ámbito federal, la senadora Ana Lilia Rivera Rivera se mantiene como una de las cartas más fuertes por Morena. Su trayectoria legislativa y su cercanía con el movimiento de la llamada Cuarta Transformación le dan peso político, aunque enfrenta el reto de conectar con sectores más allá de su base tradicional y superar percepciones de lejanía con problemáticas locales.
Por su parte, Carlos Augusto Pérez Hernández ha buscado posicionarse como un perfil técnico y conciliador. Su discurso moderado puede jugar a su favor en un contexto polarizado, aunque también podría diluir su presencia frente a figuras más mediáticas.
En la oposición, por parte del PRI, la ex candidata a la gubernatura, Anabell Ávalos Zempoalteca, sigue siendo una figura relevante. Su experiencia y conocimiento del territorio son activos importantes; no obstante, carga con el desgaste de procesos electorales anteriores y la necesidad de renovar su imagen ante el electorado.
Otro nombre que comienza a mencionarse es el de Óscar Flores, también posible aspirante a la candidatura del partido oficialista, quien ha construido presencia desde lo local. Su reto principal será crecer en reconocimiento estatal y demostrar que puede competir frente a perfiles con mayor trayectoria.
En el bloque de Movimiento Ciudadano, se habla de varios perfiles que podrían entrar a la contienda, entre ellos Gregorio Cervantes y Danae Figueroa. Este grupo representa una posible alternativa fresca, aunque aún enfrenta el desafío de consolidar estructura y posicionamiento real frente a partidos tradicionales.
En contraste, el caso de Delfino Suárez Piedras ha generado críticas constantes. Señalado como un perfil sin identidad partidista, su llegada a Movimiento Ciudadano ha sido vista por diversos actores como oportunista y convenenciera. La falta de arraigo dentro del instituto político, sumada a cuestionamientos sobre lealtad, lo colocan como un aspirante débil y con pocas posibilidades reales de consolidarse rumbo a 2027.
Juan Manuel Cambrón podría ser la carta fuerte que despierte estructuras dentro del Partido de la Revolución Democrática (PRD), en el pasado proceso electoral demostró compromiso y fuerza al alcanzar resultados positivos en la contienda por una diputación federal. En el PRD no hay otra carta más fuerte que Cambrón, sin embargo no ha emitido públicamente su interés por participar por la sucesión en el 2027.
En este escenario también comienza a destacar Luis Vargas, quien desde el partido Fuerza por México ha buscado abrirse paso como una opción distinta. Su principal fortaleza radica en un discurso cercano a la gente y en su intención de representar a sectores que no se sienten identificados con los partidos tradicionales.
Vargas ha sido bien visto por su estilo directo y por impulsar una narrativa de renovación política, lo que podría posicionarlo como una alternativa interesante si logra consolidar estructura y presencia territorial en el estado.
Así, el escenario rumbo a la elección estatal comienza a tomar forma con una mezcla de experiencia, ambición y controversia. Aún falta tiempo, pero los movimientos actuales anticipan una competencia intensa donde no solo contará la trayectoria, sino también la capacidad de conectar con una ciudadanía cada vez más exigente.
Conforme pasa el tiempo la lista podría crecer o reducirse, lo que es un hecho es que la sucesión se decide en el 2026 y la elección será de trámite en el 2027.
