La gestión del alcalde de Ixtacuixtla enfrenta un desgaste evidente. Más allá del discurso oficial, los hechos reflejan un municipio donde la delincuencia opera con margen de maniobra.
El robo de un vehículo registrado durante la madrugada de este 2 de abril en Ixtacuixtla terminó evidenciando algo más profundo que un hecho delictivo aislado: la fragilidad operativa de la seguridad municipal y la falta de control territorial por parte del gobierno encabezado por el alcalde Alberto Hernández Olivares.
La unidad, un Mazda rojo, fue sustraída y localizada horas después en la comunidad de San Antonio Tecoac, sobre Avenida Hidalgo, con severos daños tras un choque frontal. A pesar de que el reporte al 911 derivó en la movilización de fuerzas estatales, los presuntos responsables lograron escapar sin ser detenidos, dejando tras de sí no solo el vehículo, sino también múltiples cuestionamientos.
Información obtenida de manera extraoficial apunta a que la zona carece de vigilancia constante, lo que habría facilitado tanto el robo como la huida. Habitantes consultados coinciden en que los patrullajes municipales son esporádicos y, en muchos casos, inexistentes durante la noche, lo que convierte a diversas comunidades en puntos vulnerables.
Aunque la Secretaría de Seguridad Ciudadana logró ubicar el automóvil y ponerlo a disposición de la Fiscalía, el papel de la autoridad municipal vuelve a quedar desdibujado. La ausencia de detenciones, incluso con un operativo activo, refuerza la percepción de una estrategia de seguridad rebasada y sin capacidad de respuesta efectiva.
Y es que desde la administración del alcalde hay registros de delitos que ocurren, unidades recuperadas, pero responsables que no enfrentan consecuencias. Un patrón que, bajo la administración actual, comienza a consolidarse como una señal de permisividad e ineficacia.
En medio de este escenario, la gestión del alcalde de Ixtacuixtla enfrenta un desgaste evidente. Más allá del discurso oficial, los hechos reflejan un municipio donde la delincuencia opera con margen de maniobra, mientras la autoridad local permanece ausente o superada, sin lograr contener una problemática que sigue creciendo.
