Dirigente del PRI estaría a los pies de la 4T y no del tricolor; Enrique chaquetero 

 

El caso del PRI en Tlaxcala ha demostrado su incapacidad para asumir un rol opositor y se muestra sumiso.

 

La reacción del Partido Revolucionario Institucional en Tlaxcala frente al desalojo de campesinos y transportistas no solo fue tibia, sino prácticamente inexistente. Al frente, su dirigente estatal, Enrique Padilla Sánchez, optó por una estrategia que ha comenzado a generar cuestionamientos por no confrontar, no señalar y no incomodar.

En conferencia de prensa fue cuestionado de forma directa sobre el uso de la fuerza pública en un conflicto que escaló a nivel nacional, el líder priista evitó fijar una postura clara. En lugar de ello, redirigió el discurso hacia temas generales del campo y críticas al ámbito federal, sin mencionar de manera puntual la actuación del gobierno estatal encabezado por Lorena Cuéllar Cisneros.

El operativo ocurrió en territorio tlaxcalteca, bajo responsabilidad de autoridades locales. Sin embargo, el dirigente tricolor decidió no señalar a los actores directamente involucrados, entre ellos el secretario de Gobierno, Luis Antonio Ramírez Hernández, ni a los mandos de seguridad encargados de la intervención.

Este silencio contrasta con el discurso que el propio PRI ha sostenido en otros momentos, donde ha sido crítico de las decisiones gubernamentales, particularmente cuando se trata de administraciones emanadas de Morena. En esta ocasión, la falta de congruencia es evidente: mientras a nivel nacional se cuestiona el ejercicio del poder, en lo local se evita cualquier señalamiento.

Esta postura podría responder a una estrategia de cálculo, en la que el PRI busca no tensar su relación con el gobierno estatal, aun a costa de diluir su papel como oposición. Sin embargo, esta decisión también debilita su credibilidad y lo aleja de sectores que esperaban una defensa más firme ante lo ocurrido.

A diferencia de otros partidos que sí emitieron posicionamientos críticos, la dirigencia priista quedó al margen del debate público en uno de los episodios más polémicos recientes en la entidad.

El caso del PRI en Tlaxcala ha demostrado su incapacidad para asumir un rol opositor y por el contrario sumiso.