Los operadores están obligados a no creer encuestas con ventaja para otros.
El Petardo / La Opinión de Adolfo Tenahua Ramos
Algo se rompió en Palacio de Gobierno y no fue precisamente el silencio. Hasta hace apenas unas semanas, en los pasillos del poder se respiraba esa falsa calma que solo da el poder cuando se siente intocable. Sonrisas ensayadas, discursos de control absoluto y la narrativa, cada vez más desgastada, de que “todo está bajo control”. Hoy, en cambio, lo que se observa son caras largas, reuniones de emergencia y una prisa que delata miedo.
Porque cuando un gobierno entra en fase de pánico, deja de gobernar… y comienza a operar.
La orden es clara: salir a las calles, multiplicar brigadas, inflar presencia, fabricar percepción. No importa si es orgánico o forzado, lo urgente es posicionar al perfil que desde el despacho principal se quiere impulsar rumbo al 2027 -Alfonso Sánchez García- . Y ahí es donde la realidad empieza a estorbar.
Algo ocurrió, y no menor, tras el encuentro entre Lorena Cuéllar Cisneros y el diputado federal Alfonso Ramírez Cuéllar. No fue una reunión de cortesía. Fue, más bien, una sacudida política. Porque el operador cercano a Claudia Sheinbaum Pardo no solo pasó lista: también midió fuerzas.
Y ese mismo día, el mensaje fue todavía más incómodo. En la llamada “Convención Tlaxcala”, el propio Ramírez Cuéllar no dudó en reconocer públicamente a Ana Lilia Rivera como un pilar en la entidad. No fue un elogio cualquiera: fue una señal. Y en política, las señales pesan más que los discursos.
Desde entonces, el ánimo cambió.
Donde antes había soberbia, hoy hay nerviosismo. Donde antes se minimizaban las encuestas, ahora se combaten. Donde antes reinaba la confianza, hoy se siembra la duda interna: “nos citaron en la capital, más que pedirnos compromiso para seguir con los trabajos de promoción nos dicen que no creamos encuestas falsas ni información que beneficie a otros aspirantes” – dice un burócrata más-.
“Incluso los coordinadores nos aclararon una y otra vez que la encuesta que se publicó en el Universal el martes 14 de abril y que le da ventaja a Ana Lilia está cuchareada, que todo va bien para Poncho, pero siento un tema muy preocupante, creo que algo le dijo Alfonso Ramírez a la gobernadora y ya andan con las caras largas”.
Mañana la cita es en calle Allende a unos metros del centro de Chiautempan, cada uno de los asistentes deberá de anotarse en una lista larga y después de recibir indicaciones su trabajo será corroborado con testigos digitales e impresos.
Porque cuando un gobierno tiene que desmentir encuestas en lugar de ganar en ellas, algo ya salió mal.
El dato que circuló en El Universal no solo incomodó: descompuso. La ventaja de Ana Lilia no fue leída como un ejercicio demoscópico, sino como una amenaza directa al proyecto oficial. Y la respuesta no fue política… fue administrativa: más control, más supervisión, más disciplina interna.
Hasta la instrucción de guardar silencio en horarios laborales revela el tamaño del problema. Cuando la política se esconde, es porque perdió el control del relato.
Y mientras tanto, en tierra, la realidad sigue su curso.
Un gobierno desgastado, promesas incumplidas y una ciudadanía que hace tiempo dejó de comprar el discurso oficial. La palabra empeñada, ese capital que alguna vez sostuvo el proyecto, hoy parece enterrada bajo capas de simulación.
El 2027 todavía no llega… pero ya les duele.
Y en política, cuando el miedo aparece tan temprano, rara vez desaparece a tiempo.
