El caso de Sandra Aguilar Vega ilustra un fenómeno cada vez más común en la política local: movimientos partidistas abruptos y estrategias enfocadas en mantener espacios de representación, más que en construir proyectos públicos con raíces ciudadanas claras.
La diputada local Sandra Aguilar quien fue postulada originalmente por Movimiento Ciudadano (MC) en la lista de candidatos plurinominales para la LXV Legislatura del Congreso de Tlaxcala, ha protagonizado un giro político que plantea cuestionamientos sobre sus prioridades y su compromiso con los principios partidista.
Originalmente integrante de la bancada de MC en el Congreso local, Aguilar Vega renunció a su militancia en ese partido en noviembre de 2024 y se declaró primero independiente ante el pleno legislativo, sin detallar públicamente una agenda clara más allá de su salida del partido.
Pocos días después formalizó su afiliación al Partido Revolucionario Institucional (PRI), donde fue presentada oficialmente como nueva militante y se le atribuyó “una sólida trayectoria” y compromiso con los valores priistas, según el comunicado del propio partido.
Además de su tránsito partidista, no ha consolidado una presencia territorial sólida ni una estructura política propia en municipios clave como Apizaco, lo que limita su capacidad de competir en aspiraciones ejecutivas —como la presidencia municipal de esa ciudad— si ese fuese su objetivo real.
Si bien Aguilar ha presentado iniciativas como la modernización de notificaciones electrónicas para el Congreso, su impacto legislativo todavía está por verse y no ha logrado visibilizar un portafolio de logros que contrarreste las críticas sobre su trayectoria.
El caso de Sandra Aguilar Vega ilustra un fenómeno cada vez más común en la política local: movimientos partidistas abruptos y estrategias enfocadas en mantener espacios de representación, más que en construir proyectos públicos con raíces ciudadanas claras.
