Gobierno de Lorena en quiebra; la desaprobación es superior a las encuestas a modo

 

Cuéllar Cisneros en los últimos lugares del ranking nacional, con niveles de aprobación que apenas rondan entre el 30 y el 40 por ciento, reflejando un rechazo creciente.

 

 

 

En virtud de su pésimo desempeño, el desastre social, político, protestas, reclamos ciudadanos y señalamientos por la falta de resultados, el gobierno de Lorena Cuéllar Cisneros enfrenta una de sus etapas más críticas. Sin embargo, lejos de asumir el desgaste, su administración ha optado por impulsar una narrativa artificial basada en una encuesta cuya credibilidad ha sido ampliamente cuestionada.

La difusión de cifras favorables provenientes de Consulta Mitofsky no sólo contrasta con la percepción ciudadana, sino que choca directamente con los datos de múltiples casas encuestadoras que colocan a la mandataria entre las peores evaluadas del país. Aun así, desde el aparato de comunicación oficial se insiste en proyectar una imagen de respaldo que difícilmente se sostiene fuera del discurso institucional.

El fondo del problema va más allá de una simple diferencia metodológica. Diversos ejercicios demoscópicos de FactoMétrica, Electoralia, C&E Research, Massive Caller, Rubrum, Cripeso y GobernArte coinciden en ubicar a Cuéllar Cisneros en los últimos lugares del ranking nacional, con niveles de aprobación que apenas rondan entre el 30 y el 40 por ciento, reflejando un rechazo creciente.

A pesar de ello, el gobierno estatal ha decidido apostar por una estrategia que raya en la manipulación: destacar un solo estudio favorable mientras se ocultan sistemáticamente los demás. Esta práctica no sólo exhibe desesperación política, sino también una intención clara de maquillar un desempeño ampliamente criticado por distintos sectores.

La insistencia en inflar la imagen de la gobernadora mediante cifras dudosas ocurre en paralelo a problemas no resueltos en la entidad, lo que refuerza la percepción de un gobierno más preocupado por su narrativa que por atender las demandas reales de la población.

En lugar de corregir el rumbo, la administración estatal parece apostar por la simulación. Pero en un entorno donde el descontento es cada vez más visible, ninguna encuesta “a modo” alcanza para revertir una realidad que, para muchos tlaxcaltecas, ya es evidente.