La historia de Doña Teresa refleja una realidad dura y dolorosa: el abandono dentro de la propia familia.
Hace cinco años, su hija llegó con un pequeño de apenas un año de edad y le pidió que lo cuidara “un momento”. Ese momento nunca terminó. Desde entonces, Doña Teresa se convirtió en madre, abuela y sostén del hogar al mismo tiempo.
Hoy, el niño ha crecido a su lado y la llama “mamá”, porque es la única persona que ha estado presente en su vida.
La situación que enfrentan es crítica. En su casa, ubicada en una zona de montaña, muchas veces no hay qué comer. Doña Teresa también cuida de su hijo Manuel, de 35 años, quien padece epilepsia desde niño y actualmente permanece postrado en cama debido a las constantes crisis que sufre y a la falta de medicamentos.
Para salir adelante, la mujer teje canastas de palma. Es un trabajo que le toma toda una semana y que apenas le deja unos cuantos pesos, insuficientes para cubrir los gastos básicos del hogar o la educación de su nieto.
Lo más doloroso, cuenta, es que su hija vive en un rancho cercano, pero en cinco años no ha regresado a ver al niño ni ha brindado ningún tipo de apoyo.
A pesar de todo, Doña Teresa sigue luchando cada día, demostrando que el amor de una abuela puede ser más grande que el abandono.
