La podrida Nueva Historia atraviesa uno de sus momentos más complicados y críticos. Está destinada al fracaso.

 

 

El Petardo / La Opinión de Adolfo Tenahua Ramos

 

Los constantes cambios dentro del gobierno estatal comienzan a revelar un patrón que ya genera molestia en distintos sectores políticos y ciudadanos: en lugar de renovar perfiles o apostar por funcionarios con resultados comprobados, la administración de Lorena Cuéllar Cisneros continúa colocando en puestos estratégicos a personajes señalados por controversias administrativas, presuntos privilegios y antecedentes cuestionables dentro del servicio público.

 

El caso más reciente es el nombramiento de Germán Mendoza Papalotzi como nuevo director del Colegio de Tlaxcala (Coltlax), designación pésima ya que el historial que acompaña al funcionario y las observaciones que han marcado su paso por distintas instituciones estatales es desolador.

 

La polémica alrededor de Mendoza Papalotzi no es menor. El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación revocó su designación como magistrado del Tribunal de Conciliación y Arbitraje de Tlaxcala, decisión que exhibió inconsistencias en su llegada al cargo y abrió nuevamente el debate sobre la forma en que se reparten posiciones dentro de la estructura estatal.

 

Además, el funcionario fue señalado por aparecer en la nómina de la entonces Procuraduría General de Justicia mientras ya se desempeñaba como integrante del Consejo de la Judicatura del Estado, situación por la que habría recibido más de 646 mil pesos en salarios. El hecho provocó cuestionamientos sobre posibles dobles percepciones y manejo irregular de recursos públicos.

 

Pese a esos antecedentes, el gobierno de Lorena Cuéllar Cisneros decidió mantenerlo dentro del aparato gubernamental y ahora colocarlo al frente de una institución académica estatal, lo que representa otro ejemplo de cómo la administración continúa reciclando cuadros cercanos al poder, aun cuando estos hayan enfrentado señalamientos públicos.

 

Los movimientos recientes también incluyeron la salida de Omar Cuatianquiz de la Dirección de Vinculación de la SEPE. Aunque oficialmente se argumentó que deja el cargo por motivos personales, dentro de distintos sectores crece la percepción de que los relevos en el gabinete responden más a reacomodos políticos que a una verdadera evaluación de resultados.

 

A casi cuatro años del actual gobierno, las críticas hacia la integración del gabinete se mantienen: funcionarios observados, perfiles ligados a polémicas administrativas y personajes cercanos al grupo político dominante continúan apareciendo en posiciones clave, mientras persisten reclamos ciudadanos por falta de resultados en seguridad, transparencia y rendición de cuentas, por lo que los cambios lejos de abonar a mejoras representa la perdición y el hundimiento del barco con funcionarios reciclados y con reputaciones mediocres.

 

La realidad

 

El gobierno de Lorena Cuéllar Cisneros navega entre la improvisación, el desgaste político y una evidente desconexión con la realidad que viven miles de tlaxcaltecas. Lo que alguna vez presumieron como la “Nueva Historia” hoy luce más como un proyecto agotado, atrapado entre la propaganda oficial y los problemas que crecen todos los días.

 

En Palacio de Gobierno ya no hay confianza, hay preocupación. La inseguridad, el desempleo, el deterioro de los servicios públicos y el descontento social comienzan a rebasar la narrativa triunfalista con la que intentan sostenerse. Mientras tanto, funcionarios y operadores políticos parecen más ocupados en la sucesión del 2027 que en resolver los problemas del presente.

 

El problema para Morena no es únicamente el desgaste natural del poder; el verdadero riesgo es que la administración estatal transmite una sensación de desorden y soberbia. Las decisiones improvisadas, los escándalos internos y el alejamiento con distintos sectores sociales han provocado que incluso dentro del propio movimiento existan voces que reconocen que el gobierno atraviesa uno de sus momentos más complicados.