Es de Hidalgo pero su mayor sueño es convertirse en presidenta municipal de Apizaco, aunque su trabajo como diputada deja mucho que desear.
El Petardo / La opinión de Adolfo Tenahua Ramos
La gestión de la diputada Sandra Aguilar al frente de la Comisión de Asuntos Municipales no solo está marcada por la falta de resultados, sino ahora también por declaraciones que evidencian un preocupante desconocimiento de sus propias funciones como legisladora.
A pesar de insistir en que existe coordinación y trabajo en la atención de los límites territoriales de los 60 municipios, la realidad documentada apunta a un rotundo fracaso: no hay un solo conflicto resuelto durante toda la legislatura. Casos como la disputa entre Chiautempan y Tlaltelulco siguen estancados, mientras el problema entre Amaxac y Yauhquemehcan permanece intacto, sin avances ni acuerdos concretos.
A esto hay que sumarle que en recientes fechas el ayuntamiento de San Pablo del Monte solicitó la intervención del Poder Legislativo para establecer una mesa de dialogo con las autoridades correspondientes para conocer el estado que guarda la defensa de límites territoriales con el vecino estado de Puebla; en respuesta la diputada de Movimiento Ciudadano (MC) y oportunista del PRI declaró que su comisión no tiene facultades para resolver disputas territoriales entre los estados de Puebla y Tlaxcala. Pésimo, ridículo y nefasto el actuar de la oriunda de Hidalgo.
Pero, por si fuera poco, en una entrevista reciente, la propia legisladora afirmó que los diputados son los encargados de vigilar que los ayuntamientos cuenten con servicios básicos, una declaración que ha generado críticas por evidenciar confusión sobre el papel del Poder Legislativo, cuya función principal es crear leyes y supervisar, no ejecutar ni sustituir responsabilidades municipales.
Y es que las supuestas mesas de trabajo encabezadas por Aguilar carecen de seguimiento, acuerdos formales o rutas claras de solución. Se trata, aseguran, de encuentros que solo sirven para simular atención a los conflictos sin generar resultados tangibles para las comunidades afectadas.
El impacto de esta inacción es directo: habitantes de zonas en disputa continúan en la incertidumbre, sin certeza sobre su pertenencia territorial ni acceso garantizado a servicios públicos, mientras la comisión responsable permanece inoperante.
La diputada ha usado su supuesto trabajo engañosa y mañosamente porque existe una posible aspiración política de Aguilar rumbo a la presidencia municipal de Apizaco. Bajo este contexto, su discurso de trabajo y gestión comienza a ser visto como una estrategia para posicionarse electoralmente, más que como un reflejo de logros reales.
A meses de que concluya la legislatura, el balance es contundente y preocupante: conflictos sin resolver, comunidades abandonadas y una presidenta de comisión que no solo no ha cumplido, sino que además deja en evidencia serias dudas sobre su preparación para el cargo.
Es normal que no tenga la intención de trabajar por Tlaxcala cuando sus verdaderas raíces se quedaron sembradas en el estado de Hidalgo, con todo y esto, sueña con convertirse en la autoridad que gobierne la ciudad rielera en el 2027.
