Todo es mentira: La receta oficial del gobierno de negar, justificar y presumir un Tlaxcala lleno de amor

Comparte....

 

Se ha vuelo el cirquero de Tlaxcala; un funcionario de medio pelo.

 

La respuesta del Gobierno del Estado ante las versiones que circularon sobre un presunto problema con la visa de la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros fue nuevamente negar que exista un problema con ese tema.
El Coordinador de Comunicación Antonio Martínez Velázquez volvió a la tendencia de rechazar cualquier cuestionamiento y atribuirlo a campañas de desinformación.
Y es que la estrategia de comunicación del gobierno ha sido, en reiteradas ocasiones, desacreditar señalamientos que hace la prensa local, insistir en que existen “otros datos” y sostener una narrativa oficial que contrasta con la percepción ciudadana y con los problemas que enfrentan diversos sectores.
El tema más reciente surgió luego de las revelaciones y acusaciones que han alcanzado a gobernadores emanados de Morena en distintas entidades del país. En el caso de Tlaxcala, el mentiroso vocero aseguró que no existe ninguna restricción para que la gobernadora ingrese a Estados Unidos y calificó como falsas las versiones difundidas en redes y algunos medios digitales.
Sin embargo, el problema de fondo no radica únicamente en desmentir información, sino en la reiterada postura de presentar una realidad paralela en la que las críticas son producto de conspiraciones, los problemas son minimizados y los señalamientos siempre encuentran una explicación conveniente.
Martínez Velázquez pretende proyectar la imagen de un gobierno sin errores y con resultados sobresalientes, una visión que, aseguran, choca con la realidad cotidiana y con la creciente exigencia ciudadana de respuestas más contundentes y menos discursos.
Así, entre desmentidos, acusaciones de campañas negras y la insistencia de que todo se trata de información falsa, el gobierno estatal enfrenta el desafío de convencer a una opinión pública y a la prensa cada vez más escéptica y menos dispuesta a aceptar una versión oficial que, para muchos, parece intentar imponerse sobre los hechos, donde no hay aceptación de equivocaciones o de que los temas a veces se salen de las manos, por el contrario, lo positivo destaca y lo malo o los señalamientos se minimizan.